Reconocimiento Profundo

2009 Septiembre 4
by villatierra

Siempre cuando observo el cielo coronado de estrellas, me recuerdo de las suaves canciones que tu cantabas mientras yo me adormecía en tu regazo, madrecita querida, exaltando los astros.

Toda vez que me detengo a observar las flores de la estación primaveral, retornan a mi mente tus tiernas palabras de exaltación a Dios y a la vida.

Cuando me enfrento con cualquier forma de sufrimiento y siento el ánimo disminuir, me vuelven los recuerdos las serias advertencias con que tu me enseñabas a enfrentar las dificultades, dilucidando que todas ellas tienen por objetivo desenvolver los valores morales adormecidos en el individuo.

En el relicario de mi memoria están impresos los momentos en que ambas, soñando y sonriendo, nos abrazábamos, buscando ampararnos recíprocamente, y tu, en la condición de ángel milagroso me enseñabas a resolver todos los problemas, demostrando que las dificultades son mas hijas del acomodo que de la realidad.

Repaso por la tela de las evocaciones las lecciones preciosas con que tú enriqueciste mi existencia y me conmuevo con tu sabiduría, hecha de amor y de experiencias.

Tú supiste renunciar a mil placeres para estar con tu hijita dependiente y necesitada, mientras otras mujeres buscaban la futilidad y el pasatiempo.

En tu vocabulario no habían esas palabras y tú sabías llenar todas las horas con trabajo, alegría de vivir y cumplimiento de los deberes que respetabas.

En tu ejemplo yo me fortalecí para los inevitables desafíos existenciales y crecí confiando en Dios y en las posibilidades de acción que están a nuestro alcance, todas ellas, inclusive las que se expresan con sufrimiento, portadoras de finalidades iluminativas.

Comprendí que la vida tiene un sentido psicológico profundo, que tiene que ver con la autorrealización y con el desenvolvimiento del amor que se debe expandir en dirección del prójimo y de todos los seres conscientes.

Hoy que también soy madre, tengo la dimensión de tu grandeza y de tus esfuerzos para superar los límites naturales de la existencia, formándose así un gigante de la dedicación y del bien.

La maternidad, sin duda, es suprema dádiva de Dios para la construcción de un mundo realmente feliz.

En el hogar, me recuerdo, está la sociedad en miniatura, como tú decías, en la cual nos entrenamos en la fraternidad y tolerancia, de modo que los enfrentamientos puedan siempre ser coronados de bondad y de compasión evitándose la destrucción y el crimen.

Cuando la sociedad alcanza las más alta expresión de tecnología de punta y de ciencia aplicada al bien y al progreso, infelizmente la maternidad se ve relegada a un plano secundario, en base al egoísmo de la mujer que desea realizarse fuera del hogar, competir en el mercado del trabajo con los hombres, luchar a favor de sus derechos, lo que, además, es justo, pero, en abandono del sagrado compromiso de la procreación.

…Y cuando le sucede tornarse madre, delega a personas remuneradas, que no siempre aman, los deberes que les son impuestos por las leyes de la vida, transformándose en proveedora al revés de ser seguridad y felicidad.

Como resultado, tenemos hoy los hijos huérfanos de padres vivos, adoptados por los traficantes de drogas y por la violencia de todo jaez, constituyendo una juventud atormentada e infeliz que se lanza a las pasiones consumidoras, en espectáculos deprimentes o salvajes, demostrando el dolor que experimentan por la falta de cariño que solamente el hogar y la maternidad pueden ofrecer.

La onda de locura y de irresponsabilidad aumenta el desequilibrio de la sociedad que aborta y pretende legalizar el crimen, en nombre de los mentirosos derechos que la mujer posee sobre su cuerpo, sin darse cuenta que el nuevo cuerpo que en ella se encuentra no es de su propiedad y necesita vivir…

Mientras la maternidad este ultrajada o relegada al olvido la sociedad se encontrará sin orientación ni esperanza de felicidad, porque el hogar es el divino instituto de educación sobre la segura directriz del amor de madre, insustituible en toda su dimensión.

De este modo, madrecita querida, te homenajeo todos los días, cantando himnos de amor en tu memoria y buscando, aún pálidamente, actuar como tu en la educación de mis hijos, los frutos de la carne con que los Cielos dignifican la Tierra, en el momento de la gran transición que se opera…

Dios te guarde en esa cúpula de estrellas diamantinas, donde tú intercederás por las madres de la actualidad, a fin de que adquieran conciencia de sus deberes impostergables.

Anália Franco
Página psicografiada por el médium Divaldo Pereira Franco, la tarde del 1º de abril de 2009, en la Mansão do Caminho, en Salvador, Bahia, Brasil.
El 10.04.2009.

fuente: www.divaldofranco.com
traducción del portugués: A. Náxara

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