La Fuerza Divina
Para comprender la Fuerza Divina y lo que ella envuelve es necesario recurrir al Sol, la Luna y las estrellas para descifrar su naturaleza. Afirmar nuestra mente y nuestro espíritu en el horizonte radiante con el impulso de la fe; recurrir a la meditación: delicado camino hacia la sabiduría y las puertas del espíritu del hombre; percibir la verdad lejos de los pensamientos y de las interpretaciones. Solo así se asomará la realidad una vez que la calma entre en nuestro corazón corriendo el velo de la ilusión.
Solo mediante el ejercicio perceptivo e intuitivo podemos imaginar tan tamaña realidad en cada partícula de nuestras sustancias y en todo lo que percibimos en el universo vivo. Este texto no promete dar una explicación cabal, ya que ello sería mera especulación, sino más bien llamar a la reflexión y abrir el entendimiento a una realidad latente y cotidiana que sucede a cada instante, en cada lugar y plano del universo.
Veamos…
Aunque no nos demos cuenta de ello la Fuerza Divina esta aquí presente, viva dentro de nosotros, en todo aquello que podamos percibir de nuestro entorno, aún en aquello que debido a nuestra limitada condición humana nos es imposible siquiera apreciar. La Fuerza Divina parte de nuestra cotidianeidad porque SOMOS por causa de ELLA. Es combustible de los impulsos del universo. Su emanación fluye del creador, de la mente cáusica universal que es la forjadora de la creación, aquella potencia viva e inteligente que inspira y sostiene la realidad en cada pulsación.
La ciencia que Cristo nos dejo en su paso por la Tierra, nos revela el poder de la Fuerza Divina. La misma realidad donde se movían lo antiguos chamanes y los hombres de conocimiento, magos e iniciados de las eras, aunque esta vez, a través de la revelación del cristianismo, elevada a una modernidad superior de acuerdo al avance inmortal de los tiempos.
El gran Buda, Moisés, y los profetas del antiguo mundo la percibían y aprendieron a actuar y a moverse dentro de ella. Podían a través de este entendimiento del universo, del fuego, de la tierra, del agua, la mar y los espíritus, realizar proezas, curar y hacer predicciones que sorprendían al común de los hombres. Algo mágico había en estos hombres, sacerdotes, profetas, brujos, astrólogos y curanderos. Certeza en lo invisible. En la cotidianeidad de nuestro lenguaje y en las interpretaciones populares, aquello que no es comprendido es llamado de magia o brujería y se apela a la superstición. Hoy los tiempos modernos, exigentes en materia de estudios, nos invitan a usar la palabra ciencia para descifrar y comprender esta realidad. Porque la magia no existe. Detrás de cada fenómeno hay un efecto, y este a su vez es antecedido por una causa.
La oscuridad y su hermana la ignorancia, se evaporan mediante la claridad. La ciencia es un vehículo para acceder al conocimiento, un método que se fundamenta en la observación de hechos y en la comprobación de los mismos; por lo tanto, a través de este sistema de investigación y comprobación de hechos podemos acercarnos a la verdad con fundamento. Aunque bien es cierto que todo ejercicio de investigación y comprobación no es de orden solamente intelectivo, sino también de carácter intuitivo, es verdad, y no podríamos negar, que la certeza que se puede abrigar en el corazón forma parte de un hecho comprobable por sus resultados. Un simple pensamiento o una firme actitud pueden cambiar muchas cosas, desde nuestro cuerpo, nuestra mente, espíritu y materia hasta el mundo entero. He aquí la fuerza de la fe.
Para entender este ambiente es menester comprender que el centro del hombre es el espíritu, no la carne ni la materialidad terráquea. La carne es subsidiaria del espíritu. Esta sentencia, que reposa en nuestra verdad íntima e intuitiva, descendida desde los éteres superiores, es fundamental para poder comprender nuestro rol aquí en la Tierra. Todo proviene del espíritu. La creación de nuestro mundo, nuestros cuerpos, nuestras plantas y animales, hasta la mismísima materia es enteramente obediente a los campos superiores y a los reinos del espíritu.
La trina realidad de la pedagogía espiritual nos revela a un Padre autor que crea a sus hijos “simples e ignorantes” y les entrega el premio de la libertad y la perfección mediante el trabajo de su propio sacrificio. Dentro de este entendimiento nuestra vida cobra un sentido mucho más poderoso y eterno y los límites se esfuman por completo. Circulamos entre el infinito misterio, en una aventura apasionante, lejos ya de una mera rutina sin aparente sentido. Quien no entiende la ciencia del vivir es presa de su ignorancia y manipulable. El poder de la verdad nos descubre una gran escalera por la que debemos subir en camino a perfeccionar nuestros espíritus, para alcanzar por fin la anhelada libertad.
Entrar en la Fuerza Divina es experimentar otro nivel de conciencia donde muchas de las cosas que nos parecen aparentemente imposibles lo son perfectamente en esta realidad. Es un mundo que opera con otras reglas y donde la mayoría de nuestras limitaciones se reducen a un plano mental y físico.
Cristo era un experto en moverse dentro de la Fuerza Divina, ello le permitía asombrar a los hombres con la magnitud de sus “milagros”. Comprendidos como fenómenos sobrenaturales, deslumbraban a las personas cambiando la historia del planeta para siempre. Por ello se le llamo el Señor de los Espíritus. Su pedagogía cambiaba nuestra percepción de la vida, entregándole la altura de una visión espiritualista de la realidad de la existencia del hombre. Dentro de este moderno sistema de creencias -que no se contraponía con las creencias de los sabios anteriores- el centro de todos los fenómenos de la vida tiene su causa en el mundo espiritual. Por ello el Maestro fue enfático en afirmar que la batalla del hombre se daba en su espíritu, depurándolo lentamente, cual cristal que se libra de las impurezas, iría a resplandecer el brillo perpetuo del alma a través de la revelación de lo que él llamo el espíritu santo y la vida eterna. Jesús era un espírita por naturaleza. Todas sus curas, milagros, pedagogía y oratoria se inspiraban en la jerarquía del mundo espiritual por sobre la materia. Enseño al hombre el camino para trabajar el espíritu y vencer las limitaciones transitorias de la carne. Más lejos aún, desvaneció la oscura cortina de la muerte que llena de turbiedad el resplandor y la dimensión de la existencia.
Jesús caminaba por el mundo de los hombres sin pertenecer a el, viajaba dentro de la Fuerza Divina, aún estando su cuerpo físico en la materia. Ello le permitía dominar la materia desde el plano espiritual, haciendo así sus curas, prodigios; mirando con compasión a los hombres sedientos de Fuerza estelar y de la guía de las estrellas que confirmaba un reino donde todos somos hijos bienamados. Nunca hubo en la Tierra un hombre con un dominio semejante de lo invisible. Él se hizo de las nubes, del viento, de las montañas y de los espíritus para dominar sus potencias y demostrarle al hombre el reinado de la maravillosa tecnología de la transformación mediante el dominio de las fuerzas espirituales.
Enseñaba mediante el amor, porque es el corazón en los hombres el reactor para comprender, penetrar y desplazarse en la Fuerza Divina. De aquí ha de desprenderse la mágica sentencia de la camaradería de la especie: la caridad, palabra que involucra humanidad, clemencia y misericordia hacia todos los semejantes que están en la condición tanto de la carne como del espíritu, del reino animal, vegetal o mineral. Siendo todo parte de Dios, el creador, le imposible abstenerse de la responsabilidad de la compasión a un espíritu esclarecido. Caridad es responsabilidad social, significa comprender la condición de la carne y el espíritu, prestarle ayuda a la evolución de la causa de la humanidad que es la voluntad altísima de nuestro Dios creador. La caridad es acción social: de ella se desprenden los fundamentos más sólidos del humanismo y de la fraternidad. Es el altruismo aplicado en su máxima expresión.
Al ser todos partes del todo y al estar nuestras emanaciones espirituales conectadas en todo momento, ya sea en la vida o en el plano espiritual, la compasión es la acción del progreso moderno. Las redes de cooperación reciproca permiten avanzar más rápido y con más eficiencia. Mientras mi vida este mejor, aquel que me acompaña lo estará también y así sucesivamente. La Fuerza Espiritual nos demuestra con creces que es este un fenómeno contagioso, práctico y de una modernidad que aún no hemos logrado comprender. Compartir, colaborar y socorrer es la piedra de ángulo y el escudo de una sociedad moderna y de una estructura social cooperativa.
Podemos entrever mediante estas palabras, que intentan dar una aproximación a la fenomenología del espíritu y sus aplicaciones sociales, que el mensaje del Maestro Jesús aún no fue entendido. Tampoco aplicado en modelo social alguno, exceptuando algunas iglesias, instituciones y doctrinas del mundo donde se hace todo el esfuerzo humanamente posible por permanecer a la luz de la verdad y del buen camino. Las fenomenologías de orden social y material han confundido muchos de los mensajes, tratando de explicar ciertos prodigios de la ciencia divina partiendo desde la realidad de la materia, o más común aún, confundiendo estos mensajes y esta ciencia celeste con condiciones sociales del individuo como lo son la religiones o las instituciones. La verdadera iglesia, es aquel templo donde habita nuestro espíritu. Escoger una religión o una creencia es un derecho otorgado dentro de la revelación del libre albedrío y esta debe ser respetada cualesquiera que esta sea: entendiendo que a cada cual indistintamente le compete progresar y llegar a su propio entendimiento acerca de la realidad de la creación. Si bien es cierto que la verdad universal es una sola, nuestra condición relativista sienta las bases para nuestro propio desarrollo y nos desprende frutos dadivosos que son una experiencia única para cada individuo. Aquella es la verdadera dimensión de la verdad para el individuo. La libertad a la luz de la doctrina y de las leyes universales que rigen firmes y perpetúas los misterios del universo.
La Fuerza Divina opera bajo estos preceptos y los comparte con todo aquel que desee aprender. Volver a la fe del Cristo para mover las montañas –de nuestro interior- es una argumentación sensata y que apela al buen sentido común. Dentro de esta Fuerza, que exige el abandono a las circunstancias, es posible sentir la libertad del espíritu que comienza a comprender porque está aquí, cual es su misión y lugar en esta existencia. Nuestra voluntad es nuestro propio destino forjado con sudor y sacrificio, con las privaciones mundanas de la carne y las ilusiones transitorias del materialismo. Todo esto con el fin de alcanzar la verdad, el conocimiento, la libertad y con ello la tan ansiada vida eterna.
Azor Náxara

Gracias por este mensaje, maravilloso, lleno de sabiduria,no tengo palabras, para expresar el gusto que me da ,llenarme de este,conocimiento,no,tengo religion,pero, mi vida ,mi corazon,y mi alma,esta entregada, a mi Dios,a Jesucristo,a Reino Celestial,y al Universo Divino,Felicitaciones …Saludos..La ciencia del internet, se puede usar para el servicio de Dios dando este tipo de mensajes..GRACIAS