Una Reina aparecida

2009 Febrero 27
by villatierra

Conocí a una Mujer, era una Reina, hecha de aguas, de florestas; aquellas que todo lo que tocan hacen germinar en flores; de esas que son como la luna divina, porque cargan el misterio indescifrable en sus ojos. La descubrí contemplando los astros una noche en el desierto. Más allá, hacia el infinito, se extendían las aguas del mar vertidas en el horizonte. Su silueta, a contraluz del satélite, se asomaba azulada y resplandeciente. Aparecida de la naturaleza, nacía entre estrellas y se alzaba gigantesca, como el tronar angélico de una sinfonía universal. Su rostro brillante, escoltado del luz plateada, tanta como para no mostrar sus delicadas facciones, cargaba la certeza del entendimiento y la compasión de un ser superior. De sus anchas caderas, florecían eternizándose las razas de la tierra.

En sí, un jardín de madrigales, su imagen flotante, levitaba a cierta altura del suelo de arenas de diversos colores. Miraba los astros, cantaba una melodía de dioses, con una suave voz que evocaba miel con cristales y zafiros de brillos auríferos. Abría su canto una brecha para contemplar el imperio del creador. Insondable, por capacidad de amor, sonreía en complicidad con las providencias de las alturas. Venia escoltada por coros de serafines y músicas celestes, su brillo de Mujer, vestía un amanto níveo azulado de finos encajes que cubrían su corporación hasta los tobillos; de destellos de rosas era el perfume que embriagaba hasta los bosques de la distancia.

De sus pechos brotaba la vida como una vertiente y de su útero, vasija que contiene polvos de las estrellas, germinaba la tierra de los hijos de Dios. Escoltada por la luna, la cargadora de la magia, la celadora del rayo de la vida, es guerrera por esencia, valiente, disciplinada, afectuosa y comedida. Acerca estrellas con su declamar; abriendo la puerta del corazón; domesticando la raza de las bestias; aquietando el ímpetu guerrero de los hombres; alimentando con sus trigos a los hambrientos. Se oye su canto, noches y días, en el silencio, lejos de los oídos de los incrédulos, serenando espectros, cuidando de los niños; su calor materno es abrigo de amor, vida, complemento de los hombres, que endulza los días de las guerras y del desamor.

Alcé la mirada y contemple cabizbajo aquellos momentos, instantes de oro, compuesta aparición. Para levantar la vista y mirar de frente hay que ganarse el cielo. Hazme desaparecer Señor, desapercibido, hazme invisible, por decreto de amor. Algún día levantaré la vista, para poder contemplar tu poderío sobre los cielos. Como una nube blanca, sustancia, hazme Señor, por mis imprudencias y por mis vicisitudes, por mi falta de nobleza, por mi espíritu petulante y mezquino. Te temo Gran Señora, a nadie más como a ti, pues eres comando y la voz del trueno sobre la Tierra, te llamaron un día Reina Universal. Tú que comandas ejércitos de tropa; porque tus miles no temen a nada más que a Él. ¿Quién como Dios?, declaman los escudos mientras los cielos estallan en tronares. Adoro al santo cordero que fue puesto en el trono, para ser reverenciado por tus súbditos. OH Majestad plateada: ¿qué estoy escribiendo sino tus letras? Piérdeme señor de tus textos para que fluya tu espíritu libre a través de mí. Para que nadie ensucie lo que tienes que decir.

Reina dorada, verde resplandeciente, amado Rafael; que sois consuelo de los afligidos y canto de los dichosos. Venid a mí, con voz y pasión, con sangre encinta en verdades; como el águila dadme la visión; dadme el calor azulado de los justos. Entregadme el ungüento que frotara mis pasiones hasta derretirlas por completo; necesito renacer, una vez más, destruir quien soy y hacerme de nuevo, dorado de brillo de jaspe, blanco como las nieves eternas, por los siglos de los siglos. Amén.

Me dejó verla una vez más, siempre cabizbajo, contemple su presencia transparente antes de desaparecer; desvaneció suavemente su forma entre húmedas nubes, brotó sobre la arena una rosa, como aquellas que nacieron de Castilla; ella sonrió, los cielos se encendieron, en complicidad con las nubes, los pájaros y el mar.

Azor Náxara

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