Preámbulo de una Era
Sobre el libro “Voces de la Era del Espíritu – Bitácora de un Guerrero“
“He sido condenado a vivir en una época interesante” Proverbio chino
El sano ejercicio de dejar notas sobre aquello que vemos en nuestra caminada por la vida contribuye a aportar a las generaciones del futuro y al progreso de la humanidad. Por eso la idea de una bitácora. Lo de guerrero es para investirse de coraje para atravesar las pruebas que nos obsequian la existencia y el camino de la fe. Quien escribe y anda su historia con la certeza que alimenta su corazón, es aquel que perdurará a través de los tiempos en la consciencia y en la memoria que se eterniza en las pulsaciones estelares del macrocosmo. Aquél que en su espíritu abriga la certeza de la fe, encontrará sentido a su padecimiento a través los senderos de la carne y su espíritu se hará libre de esta prisión momentánea que le ata. Libertad ha sido siempre sinónimo de trabajo y sacrificio.
He aprendido que el primer obstáculo de alguien que nos es entendido por las masas es ser tratado de loco. Lo más fácil y el primer paso será siempre ser juzgado por el promedio como desequilibrado, excéntrico, distinto, especial, en fin. Como para la locura no existe una definición concreta y menos sensata, lejos de las ciencias del espíritu, es muy difícil creer en juicios a priori.
Todas aquellas personas que representan un cambio en los cimientos de esta sociedad personifican una amenaza para las mayorías que creen ciegamente en la ilusión. Toda persona que habita en esta tierra, tarde o temprano entenderá que aún pensando que controla algo de su circunstancia, no controla nada, solo falta visitar un hospital o estar cerca de la muerte para darse cuenta de esto. Estamos en manos del Señor. Nuestra vida pende de un delicado hilo que meciéndose en un infinito de probabilidades y hechos insospechables nos recuerda a diario nuestra fragilidad.
Así que si usted siente que percibe cosas que para el resto de las personas son inexistentes o poco importantes; si es usted una persona perfeccionista; sensible; le gusta enfrentar los problemas de frente; siente satisfacción al hacer las cosas bien y con amor: tenga usted en cuenta que será un peligro para su entorno. ¿Por qué? Pues muchas de las personas desean seguir como están. Recuerde: progresar toma trabajo, sudor y sacrificio, y más aún, derrotar aquellas impurezas que en nuestra alma atraen y dan alimento a los espíritus rebeldes y malvados. Mientras menos conocimiento del mundo de los espíritus se tenga más manipulable y vulnerable se es. Esta realidad descansa en una sentencia muy simple: estamos rodeados de espíritus y sus ideas nos influencian a diario. Todo obedece a la autoridad del mundo espiritual. Nuestro universo ha sido precipitado desde regiones superiores donde el Reino del Espíritu es quien da la pauta para la vida y la formación de la materia. Nuestra naturaleza es dupla. Espiritual y material. Nuestro espíritu antecede a nuestro cuerpo y el alma es eterna. Esta se reencarna en sucesivas existencias, a través de distintos vehículos materiales: los cuerpos.
La mayoría de las personas quieren estar cómodas solamente en la materia, he ahí cuando pierden su relación con el espíritu. La consecuencia de quedar bien con nuestra naturaleza material, será inevitablemente perder los favores del espíritu.
Aquí entran los valores. Son ellos, junto nuestra formación moral, quienes nos llevarán a tomar las decisiones correctas o erradas en la vida. La consecuencia de nuestras actitudes y acciones determinará el tipo de personas que somos. Nuestra calidad como seres humanos está en directa relación con nuestra moral, esta se precipita en nuestro ambiente a través de nuestras acciones y no de las intenciones. Por eso, todo aquel que diga que en estos tiempos es necesario sentarse a esperar porque las cosas serán mágicamente resueltas desde los cielos, por voluntad divina, debo de informar que no es así en lo absoluto. Nuestra misión es transformar la materia y elevarla a un estadio superior. Por eso cualquier sentencia que llame a la inmovilidad en el mundo de la materia es completamente insensata y fuera de las leyes de la ciencia divina. Naturaleza es acción.
Una buena prueba de esto es el miedo que produce a las personas el mundo de los espíritus. Aquellas personas que lidiamos con esto no sentimos miedo, sino lo experimentamos como algo completamente natural. Natural como la sangre que fluye por nuestras venas, natural como la opinión de mi pequeño primo de ocho años que me dijo: -hay gente sentada en los sillones del living (no habiendo nadie físicamente) Le respondí: -quédate tranquilo se que hay gente allí.
Me contó que no tenia miedo y que algo natural para el, pero que no se lo contara a nadie porque los adultos no lo entendían.
Solo aquellas personas que desconocen cuan importante es nuestra ilustración respecto a la realidad del mundo de los espíritus, hacen que tengamos miedo de ello porque en realidad ellos temen. Tenerle miedo a nuestra propia naturaleza es sufrir de temor. Le han dado a muchos de estos hechos el falso término de sobrenatural o de magia, cuando lo que existe es la ciencia y los hechos. ¿Qué puede ser sobrenatural, siendo natural la creación de Dios? Estos tiempos condenan a morir a aquellas palabras que están creadas en base a una confusión semántica. Sobrenatural significaría algo que esta sobre Dios y ello va en contra del primer mandamiento. He aprendido que la mayoría de las personas saben muy poco de lo que hablan, menos lo que leen, y aún leyendo, entienden muy poco de lo que en realidad expresa una comunicación. También existen los que leyendo, no quieren entender, pero eso ya entra en otro plano. Rebelión.
El sufrimiento de esta tierra está en razón de la ignorancia, y la ignorancia está también en nuestra naturaleza. Todo es una formula perfecta, obedece a la ecuación lógica que nos ha revelado el creador, nos permite alcanzar por nuestros propios meritos la sabiduría y la iluminación. Somos, los seres humanos, unidades inteligentes y autónomas: el fascinante logro de un creador. Para ello nos fue concedido el poder de discernir, expresado en las leyes del libre albedrío. Para ser, debemos de hacernos. Aquello que sembremos hemos de cosechar. Reflejan estas didácticas palabras la capacidad de discernir, escoger, hacer y recoger los productos de nuestras acciones.
Como acostumbraremos a decir aquí: las tinieblas son el analfabetismo. Es muy simple: una persona que tiene más conocimientos tiene la posibilidad de anticiparse y de tomar mejores decisiones; en cambio, aquel que es ignorante padece de su inexperiencia para relacionarse con su entorno. En ambos casos, será tarea de cada uno encontrar el natural avance hacia el progreso moral, la plenitud y la paz. Es este un asunto completamente natural e intuitivo que proviene de las leyes del creador, de la realidad que Dios creó. Todas las almas viajan este mismo camino; a nadie le es posible escapar de esta realidad. Estas leyes que todos vivimos, con mas o menos consciencia, conforman la ciencia de la vida o la ciencia del espíritu.
Jesús es el Rey de la Ciencia, aquél que nos brindó con la ilustración y el entendimiento del mundo y su naturaleza, la bondad del creador y conforto de un reino que no conoce fronteras, un corazón que no tiene reparos en recibir a todos, espíritu caritativo y bondadoso que obsequia su luz en beneficio del avance del conjunto humano aún dando la propia vida por servir esa altísima causa. Caridad es responsabilidad social. El entorno nos revela intuitivamente que el conjunto es el camino hacia el progreso, la coexistencia, la camaradería y la fraternidad con nuestra propia naturaleza.
Somos parte del todo, fragmentos de estrellas, pedazos de cielos, mares y espíritu. Dios habita en nosotros, solo hace falta saber oír para poder comprender. Nada escapa a su dominio ni naturaleza, el edén es nuestra responsabilidad. Nuestro planeta, mundo material para los cuerpos de los espíritus terráqueos, representa un hábitat momentáneo en un viaje cuya profundidad y extensión somos incapaces de imaginar.
Una vez tengamos la capacidad de oír las sinfonías de los hados, entenderemos aún más nuestra misión en estos confines de la galaxia. Nuestro reino no es de este mundo. Aquella sentencia de naturaleza universal nos desenvuelve una realidad de fronteras infinitas y fino conocimiento; cientos de páginas de historias, ciencias y mundos por conocer nos aguardan en este viaje a través de los tiempos. La verdad es de naturaleza perpetua por esencia.
Esta bitácora compuesta de diversos cantos, versos y estrofas; se creó concentrándose en las estrellas; evocando la intuición que será la sentencia de la Era del Espíritu que se aproxima cantando sus versos más puros; descubriendo la cortina que cubre los hados para que el hombre revele en su propia naturaleza las respuestas que le exige a la materia; el conforto que busca desesperadamente para alimentar su mundo materialista, inocuo, vació y momentáneo.
Solo concentrándose en las estrellas, en el Sol, en la luna; triunfa el espíritu porque su naturaleza ha de sobrevivir todas las catástrofes y pruebas de una existencia material; perduran los éteres; los suaves fluidos que substancian el intento del mundo y la pulsación cáusica del universo y de toda la creación divina.
Un reflejo de aquella exactitud del cosmos existe también en nuestro cuerpo material. Es el corazón. Su pulso dirigido da vida a nuestro cuerpo físico otorgándole la palpitación que le sostiene. El corazón es nuestro Sol Central, trabaja sin descanso captando las potencias del amor, irradiando, repartiendo y transformando esta energía universal presente en toda materia y criatura.
Es esta una era de ilustración y conocimiento profundo, de ciencias y saber; tiempos en que el hombre se comunica a través de la intuición para comprender y vivenciar el firmamento vivo y las fuerzas de la creación.
Detrás de cada reacción se vislumbra una inteligencia causal e inteligente que controla en perfecta sinfonía todos los acordes del infinito. La justicia, el día, la noche, la luna y el mar reposan bajo esta excelsa potestad. Es nuestro propio reino de origen extraterrestre. El propio Jesús testimoniaba de donde provenían sus ciencias explicadas en parábolas. Una cosa es cierta, indudable e irrefutable a ojos de quien quiera mirar las estrellas: nuestro reino no es de este mundo; porque ni la rocas de los hados están ajenas a esta verdad; ni el océano se nutre por propia voluntad; ni los pájaros cantan por propia inspiración ¿quién entonces todo esto ha de inspirar?
