Mensajes de las estrellas
Descifrando el firmamento
Cuando el hombre llame a las alturas para que desciendan los gobiernos divinos a la Tierra, se verán los frutos al amanecer de la calma. De las estrellas somos, y quien nos gobierna, es nuestra sustancia divina. Nuestra inspiración vital reside en ese soplo exponencial que viajó determinado a través del cosmos y germinó un día en esta tierra.
Cada tribu del mundo pertenece a una estrella, nuestra fisiología humana esta hecha de estrellas, arrojadas a través de los tiempos y los espacios por el estallido de las supernovas que transportan las materias por el universo.
Hubo un día, al igual que hoy, en que los dioses anunciaron a los incas y a los mayas el fin de sus imperios, ya que un nuevo Dios se revelaría para inspirar las épocas venideras. Fue un profundo tiempo de transición cósmica. Los iniciados y licenciados del tiempo entendieron este desafió, no sin antes caer en el desconcierto y en una profunda tristeza.
Así sucedió, y aquello que estaba escrito en los cielos, se manifestó en la materia. Vino entonces el tiempo a enseñarles, dichosas las señales de los astros, a instaurar una nueva jerarquía en la Tierra. A pesar del caos aparente un nuevo amanecer se aproximaba.
Al igual que hoy, músicas, campanas y sonatas siderales anunciaron los solsticios, y el encaje de los tiempos llegó aplastando el horizonte, variando un nuevo infinito de posibilidades para reflexionar y ablandar la caminada el hombre; para comprender, mediante el estudio de su propia historia y su titánico esfuerzo, como plantar, cultivar y hacer germinar una fértil granja para cumplir con el plan del universo. Subir un estadio. Entrar en un nuevo tiempo. Todo es transitorio en la medida de las eras. Así como nuestra comprensión de la verdad y de la realidad. Nuestros errores de hoy abren los caminos hacia la perfección del mañana.
Un nuevo amanecer emerge para guiar los tiempos de los hombres. Todo aquello que nos incomoda, vive dentro de nosotros. Todas aquellas palabras y prácticas que nos hacen exaltarnos encuentran una morada dentro de nuestros espíritus en los momentos en que tenemos baja la guardia. Han de emerger las cualidades divinas en nuestro ser a través de nuestra devoción inspirada por los éteres divinos. No existe en la tierra hombre que no haya pensado en la divinidad al contemplar las estrellas. Ahí esta la quid, el puzzle de los tiempos. La clave: en nosotros, Dios. No en la política, ni la religión, ni en el juicio a nuestros semejantes, que se transforma en nuestro propio lapidamiento, sino que a través de obedecer a nuestro superior supremo y mandante de esta aventura.
¿No es acaso más fácil el camino, cuando uno hace caso a alguien que sabe? ¿No es ese el objetivo de un profesional o un erudito? Suavizar su trabajo y aprender, para ser cada día mejor, con la mira puesta en la perfección y las divinas luces que inspiran el bien común, la sensatez y el amor de la revelación.
Caminamos todos el sendero de los jardines de Araba. Enhorabuena la Era del Espíritu que refresca nuestra visión, alimenta el vigor de nuestras almas, entierra a nuestros muertos, con el cariño y el reconocimiento que merecen todos los humanos y el dueño de estos cuerpos, regidor de esta materia. Sepultar la ira y el odio, ponerle una tranca a nuestra puerta para que en ella no entre codicia ni maldad. La historia no nos pertenece, participamos en ella; nuestra vida no es de nosotros, es un permiso divino.
En las alturas, una voz viene avisando. Hay que andar sobre aviso, hay que estar con las botas puestas que está sucediendo, no es afuera, es adentro que está acaeciendo: desde los astros, en el espacio exterior, se manifiestan las energías pululantes del universo en esta tierra fértil para quien sabe ver. Sucede que sucumbimos en las apariencias, parece que el mundo se fuera acabar y viene con más fuerza que nunca aquella historia que es sustento de toda historia y que desciende de las aguas del Jordán.
Hoy la sociedad adolece de Dios, he allí su perdición. Aquellos que han querido inventar políticas y regímenes, sistemas y doctrinas humanas lejos de la Ley Universal, han fracasado, la historia les ha devuelto, con su caída sus pregonamientos e ideas livianas, conducentes a las masacres y a la guerra, a la esclavitud de las masas y a la miseria espiritual. En el mañana cuando esta generación no esté, rendiremos culto a nuestros muertos que nos gobiernan y nos influencian. La Tierra estará representada por lideres superiores que entenderán la mecánica del tiempo, la vida, la ciencia del espíritu y del universo. Los espíritus de la avanzada hacen camino, disfrutarán de este regalo las generaciones posteriores, conscientes de su rol en el cosmos y de su responsabilidad con el planeta.
Los signos avanzan, no se detiene el curso suprainteligente del universo, los soles no paran de hacer su trabajo, el mundo no para de dar vueltas y la luz sigue irradiando la composición del eter. Los nuevos niños continúan naciendo para transmitir su sabiduría a los ancianos. Nuestros hijos construirán una tierra justa en armonía con los vecinos estelares. La transición de la carne y la materia en el universo es una ofrenda a la ilustración del mañana.
Entonces ¿Qué se puede hacer sino agradecer? ¿Qué se puede hacer que no sea alabar el firmamento? Hoy más que siempre. Hoy, nuestras angustias y nuestros llantos no son más que polvos del desierto en un mar lleno de vida. Para seguir la luz, seguridad y obediencia a los preceptos de los maestros, es necesario tener una opinión, una definición clara, valórica de la vida y de la convivencia con los semejantes. Responsabilidad social. Tener una actitud firme frente a la adversidad y la oscuridad. Dar la cara y caminar de frente mirando a las multitudes de nuestros hermanos a los ojos, reconociendo su sustancia divina, en vez de alimentar su oscuridad y malas tendencias. Sin duda, esto es difícil, no es para cualquiera, aunque todos andamos el mismo camino y nos perdamos un instante en el mall, en las liviandades de la ilusión y transitemos la penumbra, está aquí, leyendo, que dentro de nosotros existe un espíritu, chispa sustancial que tiene profunda conciencia de estas palabras, afirmaciones en blanco de declaración. Cuidado con marearse, preste bien atención. Respire, relea, descubra la capa de la cebolla. Nuestro maestro es nuestro sufrimiento, nuestras privaciones son el cultivo que florecerá mañana dándonos de beber de la vida.
Estas palabras, esta historia, es para los niños que reconocen la sustancia como un juego con el divino, más allá de los egos temerosos que opacan la real magnitud del concierto de la vida, lejos de los que ven política en las cuestiones de valores, lejos de los que se confunden en el mar de las pequeñeces egoístas que nublan el resplandor del espíritu, espejo de las alturas de la grandeza del creador.
Buenas Noches.
Carlos Esteban

Agradezco a la Divinidad,haber tenido este contacto maravilloso,que comparto plenamente esta historia
Bendiciones de Luz
Namaste
Elia: el contacto es mutuo, gracias por dejar aquí tu comentario y ayudarnos a crecer. Se bienvenida esta tierra.
Mucha Paz
Azor Náxara