¿Qué sería de las Américas sin la santísima manifestación de Guadalupe en territorio Azteca? ¿Qué sería de la nueva raza si no fuese por su amparo divino que vínose a manifestar en la tierra más adelantada de los nuevos mundos?, ¿Qué sería de América si en ella no hubiesen llegado los cristianos a elevar el esplendido conocimiento que alcanzaron los nativos a otro estadio. La historia de América hubiese sido otra si hubiesen llegado a estas tierras los ingleses; la colonización española es una bendición porque los ingleses tenían únicamente como misión expandir el imperio; mientras que España estaba obligada a difundir el cristianismo. En Gál 3,27-28: “Pues cuantos en Cristo fuisteis bautizados, de Cristo fuisteis revestidos. No hay ya judío ni gentil, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni hembra, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Esa sola, pequeña y sustancial diferencia, evitó una masacre, como la tristemente célebre ocurrida en los Pueblos del Norte, porque en el Oeste no hubo Dios ni Ley. La bendición de España, era contar con Cristo a bordo de las Carabelas. Luego tendrían que entenderse esos conocimientos con los más grandes y adelantados: los aztecas del Yucatán.
Esta era una tradición ya arraigada firmemente en los fundamentos de la nación de España y principalmente era la bandera de lucha de los Reyes Católicos: Isabel y Fernando “tanto monta, monta tanto. La instauración del cristianismo en España había sido un camino que había costado muchas vidas, viajando la nueva por los caminos romanos, desde los días en que los calendarios mozárabes informan de cómo los siete varones: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio; que componían la misión de los siete varones apostólicos que llegaron primero a España difundiendo la doctrina cristiana cerca de Acci (Guadix). En aquellos días, que son los de siempre, la historia se encarnó en quienes cargaban las siete cruces, las mismas siete estrellas del santo ministerio.
Y así fué que un día el misterio, investido de los éteres superiores, hizo de esta nación el puerto de Cristo para llevar la buena nueva al otro lado de los mares. Doctrinar, bautizar, enseñar e ilustrar fueron términos bien comprendidos por Don Cristóbal, el que se hizo de Cristo cuando firmó como Cristóforo que no significa otra cosa que el portador de Jesucristo. A bordo de la mayor nave, La Santa María, desafiando miedos y tempestades, viajaba La Virgen de Guadalupe de Cáceres, España.
La historia comienza años antes con Colón, aquel adelantado comandante de la expedición, una vez que pasó por Portugal y España, no encontrando en ellas amparo, decidió marchar a Francia en busca del apoyo de sus gobernantes. En el camino, los misteriosos designios del Señor, le tenían preparada una sorpresa que cambiaría el curso de la historia de la humanidad. Encontróse en el trayecto con un prior del convento de la Rábida. Colón contó a el los planes que le traían por esas tierras, y aquel hombre, entusiasmado del Señor, fué quien intervino terrenalmente para conseguir el apoyo de Isabel la Católica. El prior, fray Juan Pérez de Marchena, había sido nada menos que confesor y hombre de confianza de la Reina Isabel la Católica; intercedió por la causa, hasta el punto que la Reina entregó sus propias joyas, debido a que la nación de España, a causa de la guerra con los moros, hallábase empobrecida. Se obtuvieron así los fondos para financiar la imprecedente aventura. Colón ya estaba ungido en la luz del Señor para emprender su travesía por los mares, viaje que traería los frutos del adelantamiento humano en lejanas latitudes, cruzaría con el conocimiento y la fé de acompañantes, escoltando sus carabelas, tres como los años del ministerio de Jesús, el ministerio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; La Pinta, La Niña y la Santa María.
Mientras tanto, en la América aún no descubierta, los hombres de conocimiento ya se preparaban, gracias a los vaticinios de los videntes, a recibir a las carabelas y al conocimiento verdadero que se descargaba para la nueva raza de los hombres como el último vestigio que recibiera la humanidad de sofisticación tecnológica espiritual. Por su modernidad y adelantamiento, México era el lugar indicado para expandir el conocimiento a través de las nuevas tierras. Reinaba el miedo y el desconcierto entre los mismos aztecas que sabían que los tiempos ya estaban tocando el alba del día profetizado. Cristo representa el último conocimiento para alcanzar la perfección y la luz de la especie, en estos tiempos de la humanidad, ha sido quien ha regido estos últimos dos mil años y contando…
Papatzin, la María, era una de las más destacadas, era nada más ni nada menos que hermana de Moctezuma II, fue la primera Cristiana de América. Ya en 1509, cuándo los españoles aún no conocían el imperio, advirtió a su hermano de que llegarían nuevos hombres, en barcos, con armaduras y cruces negras en los velámenes de las naves, además del nuevo conocimiento del Dios verdadero, este reemplazaría a Quetzacohalt, la serpiente emplumada, y junto con ello cambiaria profundamente las bases del mundo conocido hasta ese entonces. A partir de esta revelación Moctezuma II cayó en una profunda tristeza.
La Virgen María se apareció a los Náhuatl que nada sabían del cristianismo. En los años del continente pre-hispánico, Papatzin, la que se hizo de María, de ahí que su nombre terminó siendo María Papatzin fué la primera cristiana del imperio. La Virgen María de Guadalupe, fué la aparición que confirmó al pueblo Azteca que ella estaba sobre la serpiente y venía con un nuevo conocimiento, para elevar el de los nativos a un nivel superior, así fué que rápidamente estos hombres fueron adaptando estas creencias en sus costumbres.
La humanidad avanza en evolución constante, todas las fuentes de conocimiento son complementarias, pero hay una sola verdad que es la verdad del Creador, eso a fin de que el camino del guerrero sea pragmático, porque en su visión no deben existir las medias tintas, para hacerse del poder y de la visión es necesario dominar a las serpientes. Trascender en espíritu.
La historia de María Papatzin me parece interesante para ilustrar que hay un solo Dios y que el hombre solo tiene muchas ideas de lo que eso pueda ser. A medida que la civilización avanza distintos maestros han llegado para orientarnos en la caminada, cada uno de ellos tuvo una época y un rebaño, cada uno una instrucción precisa que debía traer a los habitantes, pero no hay que perder de vista que un guerrero o un buscador debe ser “absolutamente moderno”, a fin de ir sintonizado con las energías que se mueven a su alrededor. Así la visión se fortalece y caen los conceptos y los arquetipos. La Virgen no es un arquetipo, ni el amado Jesús, ni los fue Zarathustra o el honrado Buda, ellos encarnaron la fuerza del verbo y la verdad cáusica universal. Cada cual con su época y su rebaño, más allá de oriente y occidente somos solo uno porque única es nuestra esencia indivisible y perpetua.
Azor Náxara
116. ¿Cómo y en qué momento se opera la unión del alma con el cuerpo?
Desde la concepción, el espíritu, aunque errante, se relaciona por un lazo fluídico con el cuerpo al que debe unirse. Este lazo se estrecha más y más a medida que el cuerpo se desarrolla. Desde aquel momento, se apodera del espíritu una turbación que va sin cesar en aumento; estando próximo el nacimiento, la turbación es completa. El espíritu pierde la conciencia de sí mismo y sólo gradualmente recobra las ideas, a partir del momento que respira el niño; entonces la unión es completa y definitiva.
117. ¿Cuál es el estado intelectual del alma del niño en el momento del nacimiento?
Su estado intelectual y moral es el mismo que antes de la unión con el cuerpo, es decir, que el alma posee todas las ideas adquiridas anteriormente; pero en razón a la turbación de que va acompañado el cambio, sus ideas están momentáneamente en estado latente. Se aclaran poco a poco, pero no pueden manifestarse más que proporcionalmente al desarrollo de los órganos..
118. ¿Cuál es el origen de las ideas innatas, de las disposiciones precoces, de las aptitudes instintivas para un arte o ciencia haciendo abstracción de toda instrucción?
Las ideas innatas no pueden tener más que dos orígenes: la creación de unas almas más perfectas que las otras, en caso que fueran creadas al mismo tiempo que el cuerpo, o un progreso anterior alcanzado antes de la unión del alma con el cuerpo. Siendo incompatible con la justicia la primera hipótesis, sólo queda la segunda. Las ideas innatas son resultado de conocimientos adquiridos en las existencias anteriores y que han permanecido en estado de intuición, para servir de base a la adquisición de nuevas ideas.
119. ¿Por qué se revelan genios en las clases de la sociedad que están privadas de toda cultura intelectual?
Este hecho prueba que las ideas innatas son independientes del medio en que el hombre es educado. El medio y la educación desarrollan las ideas innatas, pero no las dan. El hombre sabio es la encarnación de un espíritu ya adelantado y que había progresado mucho; por eso la educación puede dar la instrucción que falta, pero no el genio cuando éste no existe.
120. ¿Por qué hay niños instintivamente buenos en un medio malo y a pesar de los malos ejemplos, mientras que hay otros instintivamente viciosos, en un medio bueno, y a pesar de los buenos consejos?
Esto es resultado del progreso moral alcanzado, como las ideas innatas lo son del progreso intelectual Libro de los Espíritus, n° 166 a 222. Revista Espírita, Abril de 1862.
121. ¿Por qué de dos hijos de un mismo padre, educados en las mismas condiciones, el uno es inteligente y el otro estúpido, bueno el uno y malo el otro? ¿Por qué el hijo de un hombre sabio es a veces negado, y el de un negado, hombre sabio?
Este hecho viene confirmando el origen de las ideas innatas; prueba, además, que el alma del niño no procede, en manera alguna, de la de sus padres: porque en virtud del axioma de que la parte es de igual naturaleza que el todo, los padres transmitirían a sus hijos sus cualidades y sus defectos, así como les transmiten el principio de las cualidades corporales. En la generación, únicamente el cuerpo procede del cuerpo, pero las almas son independientes las unas de las otras.
122. Si las almas son independientes las unas de las otras, ¿de dónde procede el amor de los padres para sus hijos y recíprocamente?
Los espíritus se reúnen por simpatía, y el nacimiento en tal o cual familia no es un efecto de la casualidad, sino que depende las más de las veces de la elección del espíritu, que se junta con aquellos a quienes amó en el mundo de los espíritus o en las existencias anteriores. Por otra parte, los padres tienen la misión de ayudar al progreso de los espíritus que se encarnan en sus hijos, y, para incitarles, Dios les inspira un afecto mutuo, aunque muchos faltan a su misión, pero sufrirán las consecuencias.
123. ¿Por qué hay malos padres y malos hijos?
Son espíritus que no se han unido a una familia por simpatía, sino para servirse mutuamente de prueba, y muchas veces para expiación de lo que han sido en una existencia precedente. Al uno se le ha dado un mal hijo, porque él mismo fue quizá mal hijo; al otro un mal padre, porque él habrá sido un mal padre, a fin de que sufran la pena del talión.
124. ¿Por qué se encuentran, en ciertas personas nacidas en una condición humilde, instintos de dignidad y de grandeza, mientras que en otras, nacidas en clases elevadas,tienen instintos bajos?
Es un recuerdo intuitivo de la posición social que habían ocupado, y del carácter que tenían en la existencia anterior.
125. ¿Cuál es la causa de las simpatías y de las antipatías entre personas que se ven por primera vez?
Son la mayoría de las veces personas que se conocieron, y algunas veces se quisieron, en una existencia precedente, y que, reencontrándose, son atraídas el uno hacia el otro. Las antipatías instintivas provienen a menudo también de relaciones anteriores. Estos dos sentimientos todavía pueden tener otra causa. El periespíritu irradia alrededor del cuerpo como una tipo de atmósfera impregnada de las cualidades buenas o malas del Espíritu encarnado. Dos personas que se encuentran experimentan, por el contacto de los fluidos, la impresión sensitiva; esta impresión es agradable o desagradable; los fluidos tienden a confundirse o a rechazarse, según su naturaleza semejante o desemejante. Así es como se puede explicar el fenómeno de la transmisión del pensamiento. Por el contacto de los fluidos, dos almas leen en cierto modo uno en el otro; se adivinan y se comprenden sin hablarse.
126. ¿Por qué no tiene el hombre recuerdo de sus existencias anteriores? ¿No es necesario este recuerdo para su futuro progreso?
Libro de los Espíritus, nº 379, “De la infancia” Véase la página 35, Olvido del pasado.
127. ¿Cuál es el origen del sentimiento llamado conciencia?
Es un recuerdo intuitivo del progreso obtenido en anteriores existencias y de las resoluciones tomadas por el espíritu antes de la encarnación, resoluciones que no siempre ha tenido la fuerza suficiente para llevarlas a cabo como hombre.
128. ¿Tiene el hombre su libre albedrío o está sometido a la fatalidad?
Si la conducta del hombre dependiera de la fatalidad, no habría para él ni responsabilidad del mal, ni mérito por el bien; desde luego, todo castigo sería injusto y toda recompensa un contrasentido. El libre albedrío del hombre es una consecuencia de la justicia de Dios, es el atributo que le confiere su dignidad y le eleva por encima de todas las demás criaturas. Y tanto es así, que el aprecio que los hombres tienen los unos para los otros es una consecuencia del libre albedrío; al que lo pierde accidentalmente por enfermedad, locura, embriaguez o idiotismo, se le tiene lástima o se le desprecia. El materialista que dice que todas las facultades morales e intelectuales dependen del organismo, reduce al hombre al estado de máquina, sin libre albedrío y, por consiguiente, sin responsabilidad del mal y sin mérito del bien que hace.
129. ¿Dios creó el mal?
Dios no creó el mal; estableció leyes, y esas leyes son siempre buenas, porque Él es soberanamente bueno. El que las observase fielmente sería completamente feliz; pero teniendo los espíritus su libre albedrío, no las han obedecido siempre, y la infracción de estas leyes ha causado el mal para ellos.
130. ¿Nació el hombre bueno o malo?
Hay que distinguir el alma y el hombre. El alma fue creada simple e ignorante, es decir, ni buena ni mala, pero susceptible, en virtud de su libre albedrío, de seguir el camino del bien o el del mal, o dicho de otro modo, obedecer o infringir las leyes de Dios. El hombre nace bueno o malo según que el espíritu encarnado en él sea adelantado o retrasado.
131. ¿Cuál es el origen del bien y del mal sobre la Tierra, y por qué hay más mal que bien?
El origen del mal sobre la Tierra proviene de la imperfección de los espíritus en ella encarnados, y el predominio del mal tiene por origen el que, siendo la Tierra un mundo inferior, la mayoría de los espíritus que la habitan son inferiores o han progresado poco. En los mundos más avanzados, en los cuales sólo espíritus depurados son admitidos a encarnarse, el mal es desconocido, o está en minoría.
132. ¿Cuál es la causa de los males que afligen a la Humanidad?
La Tierra puede ser considerada a la vez como un mundo de educación para espíritus poco adelantados, y de expiación para espíritus culpables. Los males de la Humanidad son la consecuencia de la inferioridad moral de la mayoría de los espíritus encarnados en la Tierra. Con el contacto de sus vicios, se hacen recíprocamente desgraciados y se castigan unos a otros.
133. ¿Por qué a menudo prospera el malo, mientras que el hombre del bien está expuesto a todas las aflicciones?
Revista Espírita, 1861: “La Cabeza de Garibaldi”. Id., 1862: “Frenología Espiritualista”.
Para el que ve sólo la vida presente, y el que lo considera única, esto debe aparecer una injusticia suma. No es así cuando se considera la pluralidad de las existencias y la brevedad de cada una con relación a la eternidad. El estudio del espiritismo prueba que la prosperidad del malo tiene caminos terribles en las existencias siguientes; que las aflicciones del hombre del bien son seguidas al contrario por felicidad tanto más grande y más duradera, cuando las soportó con más resignación; es para él como un mal día en toda una existencia de prosperidad.
134. ¿Por qué nacen unos en la indigencia, y otros en la opulencia? ¿Por qué los hay que nacen ciegos, sordos, mudos, o sufriendo enfermedades incurables, mientras que otros disfrutan de todos los dones físicos? ¿Es esto efecto de la casualidad o de la Providencia?
Si es efecto de la casualidad, no hay Providencia; si es efecto de la Providencia preguntaremos, ¿en dónde está su bondad y su justicia? Por no comprender la causa de esos males, muchísimas personas se inclinan a acusar a la Providencia. Se comprende que aquel que se ve atormentado por la miseria o por enfermedades, consecuencia de sus imprudencias o de sus excesos, sea castigado por donde pecó; pero si el alma fue creada al mismo tiempo que el cuerpo, ¿qué ha hecho para merecer tamañas aflicciones desde su nacimiento o bien para ser eximido de ellas? Si se admite la justicia de Dios hay que admitir que aquel efecto procede de una causa; si esta causa no existe durante la vida, debe existir antes de la vida porque en todas las cosas la causa debe preceder al efecto; para esto es necesario, pues, que el alma haya vivido y que haya merecido una expiación.
Los estudios espiritistas nos demuestran, efectivamente, que varios hombres, nacidos en la miseria, han sido ricos y muy apreciados en una existencia anterior, pero que hicieron un mal uso de la fortuna cuya gerencia les había encargado Dios; que varios nacidos en la ínfima clase social fueron orgullosos y poderosos, y que abusaron de su poder y oprimieron al débil; nos lomanifiestan a veces bajo las órdenes de aquel mismo a quien mandaron con dureza, sufriendo el mal trato y la humillación que hicieron sufrir a los demás. Una vida penosa no es siempre una expiación: es a menudo una prueba escogida por el espíritu, en la cual ve un medio para adelantar más rápidamente si la soporta con valor. La riqueza es también una prueba, pero más peligrosa todavía que la miseria, por las tentaciones a que da lugar y los abusos que provoca; así es como el ejemplo de aquellos que han vivido prueba que de ella salen menor número de victoriosos. La diferencia de las posiciones sociales sería la mayor de las injusticias, cuando no fuera resultado de la conducta actual, si no debiera tener una compensación. La convicción de esta verdad se adquiere por el Espiritismo, que da fuerza para soportar las vicisitudes de la vida y nos hace aceptar nuestra suerte sin envidiar la de los demás.
135. ¿Por qué hay idiotas y cretinos?
La posición de los idiotas y de los cretinos sería el menos conciliable con la justicia de Dios, en la hipótesis de la unidad de existencia.. Cualquiera que sea la condición miserable en la cual un hombre nació, puede salir de eso por la inteligencia y el trabajo; pero el idiota y el cretino están consagrados desde el nacimiento hasta la muerte al embrutecimiento y al desprecio; no hay para ellos ninguna compensación posible. ¿Por qué pues su alma habría sido creada idiota?
Los estudios espiritistas, hechos sobre los cretinos y los idiotas, prueban que su alma es también inteligente como la de otros hombres; que esta imperfección es una expiación infligida a Espíritus por haber abusado de su inteligencia, y que sufren cruelmente al sentirse encarcelados en lazos que no pueden quebrantar, y del desprecio de que se ven su objeto,mientras que tal vez fueron iluminados en su existencia precedente.
136. ¿Cuál es el estado del alma durante el sueño?
Durante el sueño, solamente el cuerpo descansa, el espíritu no duerme. Lasobservaciones prácticas prueban que, en aquel instante, el espíritu goza de toda su libertad y de la plenitud de sus facultades: aprovecha el descanso del cuerpo y los momentos en los que su presencia no es necesaria, para obrar separadamente e ir a donde quiere. Durante la vida, en cualquier distancia a que se transporte, el espíritu está siempre unido al cuerpo por un lazo fluídico que sirve para que regrese cuando su presencia es necesaria; este lazo no lo rompe más que la muerte.
137. ¿Cuál es la causa de los sueños?
Los sueños son el resultado de la libertad del espíritu durante el sueño; algunas veces son el recuerdo de los sitios y de las personas que el espíritu vio y visitó en aquel estado.
138. ¿De dónde proceden los presentimientos?
Son recuerdos vagos e intuitivos de lo que el espíritu aprendió en sus momentos de libertad, y, algunas veces, avisos ocultos dados por espíritus simpáticos.
139. ¿Por qué hay sobre la Tierra hombres salvajes y civilizados?
Sin la preexistencia del alma, esta pregunta no puede resolverse, a no ser que admitamos que Dios creó almas salvajes y almas civilizadas, lo cual sería la negación de su justicia. Por otra parte, la razón no admite que, después de la muerte, el alma del salvaje se estacione perpetuamente en la inferioridad, ni que esté en un rango igual al del alma de un hombre instruido. Admitiendo para las almas un mismo punto de partida, única doctrina compatible con la justicia de Dios, la presencia simultánea del salvajismo y de la civilización sobre la Tierra es un hecho material que prueba el progreso que los unos han realizado y el que los otros pueden realizar. El alma del salvaje alcanzará, pues, con el tiempo, el grado del alma civilizada; pero, como todos los días mueren salvajes, no puede alcanzar ese grado su alma sino en encarnaciones sucesivas, cada vez más perfeccionadas y apropiadas a su adelanto y pasando por todos los grados intermedios entre los dos puntos extremos.
140. ¿No se podría admitir, según opinión de algunas personas, que el alma sólo se encarna una vez y que realiza su progreso en estado de espíritu desencarnado o en otras esferas?
Esta proposición sería admisible si en la Tierra no hubiera más que hombres de igual grado moral e intelectual, en cuyo caso podría decirse que la Tierra está especialmente apropiada a un grado determinado. Pero tenemos a la vista pruebas de lo contrario. No se comprendería, en efecto, que el salvaje no pudiese llegar a la civilización en la Tierra, puesto que hay almas más avanzadas, encarnadas a su alrededor; ni que éstas forzosamente hayan debido progresar en otra parte, puesto que hay almas inferiores encarnadas en el mismo globo, de lo que es preciso deducir que la posibilidad de la pluralidad de existencias terrestres resulta de los mismos ejemplos que tenemos a la vista. Si otra cosa fuera, habría que explicar: 1° ¿Por qué sólo la Tierra tendría el monopolio de las encarnaciones? 2° ¿Por qué teniendo este monopolio, se encuentran en ella almas encarnadas en todos los grados?
Revista Espírita, 1860: “El Espíritu de un idiota”. Id. 1861: “Los cretinos”.
El Libro de los Espíritus, “Emancipación del alma, sueño, ensueño, sonambulismo, doble vista, letargo”, nº 400 y siguientes; El Libro de los Médiums, nº 284, “Evocación de personas vivas”. Revista Espírita, 1860: El espíritu de un lado y el cuerpo del otro. Revista Espírita 1860: Estudio sobre el espíritu de las personas vivas.
141. ¿Por qué se encuentran, en medio de las sociedades civilizadas, seres cuya ferocidad es igual a la de los salvajes más bárbaros?
Son espíritus muy inferiores, oriundos de las razas bárbaras, y que han ensayado su reencarnación en un medio que no es el suyo, en el cual se encuentran fuera de su centro, lo mismo que si un palurdo se encontrase de improviso en el gran mundo.
Observación: No se podrá admitir, sin negar a Dios toda justicia y toda bondad, que el alma de un criminal endurecido tuviera en la vida actual el mismo punto de partida que la de un hombre adornado con todas las virtudes. Si el alma no fuera anterior al cuerpo, la del criminal y la del hombre de bien serían tan inconscientes una como otra: ¿Por qué la primera sería mala y la segunda buena?
142. ¿De donde procede el carácter distintivo de los pueblos?
Son espíritus que, teniendo poco más o menos los mismos gustos y las mismas inclinaciones, se encarnan en un medio simpático y frecuentemente en el mismo medio, donde encuentran satisfacción según sus inclinaciones.
143. ¿Cómo progresan y cómo degeneran los pueblos?
Si el alma fuera creada al mismo tiempo que el cuerpo, las de los hombres de hoy serían tan primitivas como las de los hombres de la Edad Media, y en este caso, preguntaremos, ¿por qué tienen aquéllas costumbres más sociales y una inteligencia más desarrollada? Si cuando el cuerpo muere, el alma abandona definitivamente la Tierra, volvemos a preguntar, ¿cuál sería el fruto del trabajo realizado para mejorar a un pueblo, si fuera necesario volver a principiar con todas las nuevas almas que llegan todos los días? Los espíritus se encarnan en un medio simpático y en proporción al grado de su adelanto. Un chino, por ejemplo, que ha progresado bastante, y no encuentra ya en su raza un medio correspondiente al grado que ha alcanzado, se encarnará en un pueblo más avanzado. A medida que una generación da un paso hacia adelante, atrae por simpatía nuevos espíritus más adelantados y que tal vez vivieron anteriormente en el mismo país, si han progresado. Así es como poco a poco progresa una nación. Si la mayoría de los nuevos fuera de una naturaleza inferior, y los antiguos se marchasen diariamente y no volviesen a un centro tan malo, el pueblo degeneraría y concluiría por desaparecer. Observación: Estas preguntas suscitan otras que se resuelven por el mismo principio: ¿De dónde procede la diversidad de razas en la Tierra? ¿Hay razas rebeldes al progreso? ¿La raza negra es susceptible de llegar al nivel de las razas europeas? ¿Es útil la esclavitud para el progreso de las razas inferiores? ¿Cómo puede verificarse la transformación de la Humanidad?
¿Qué es el Espiritismo?
Allan Kardec
Siempre cuando observo el cielo coronado de estrellas, me recuerdo de las suaves canciones que tu cantabas mientras yo me adormecía en tu regazo, madrecita querida, exaltando los astros.
Toda vez que me detengo a observar las flores de la estación primaveral, retornan a mi mente tus tiernas palabras de exaltación a Dios y a la vida.
Cuando me enfrento con cualquier forma de sufrimiento y siento el ánimo disminuir, me vuelven los recuerdos las serias advertencias con que tu me enseñabas a enfrentar las dificultades, dilucidando que todas ellas tienen por objetivo desenvolver los valores morales adormecidos en el individuo.
En el relicario de mi memoria están impresos los momentos en que ambas, soñando y sonriendo, nos abrazábamos, buscando ampararnos recíprocamente, y tu, en la condición de ángel milagroso me enseñabas a resolver todos los problemas, demostrando que las dificultades son mas hijas del acomodo que de la realidad.
Repaso por la tela de las evocaciones las lecciones preciosas con que tú enriqueciste mi existencia y me conmuevo con tu sabiduría, hecha de amor y de experiencias.
Tú supiste renunciar a mil placeres para estar con tu hijita dependiente y necesitada, mientras otras mujeres buscaban la futilidad y el pasatiempo.
En tu vocabulario no habían esas palabras y tú sabías llenar todas las horas con trabajo, alegría de vivir y cumplimiento de los deberes que respetabas.
En tu ejemplo yo me fortalecí para los inevitables desafíos existenciales y crecí confiando en Dios y en las posibilidades de acción que están a nuestro alcance, todas ellas, inclusive las que se expresan con sufrimiento, portadoras de finalidades iluminativas.
Comprendí que la vida tiene un sentido psicológico profundo, que tiene que ver con la autorrealización y con el desenvolvimiento del amor que se debe expandir en dirección del prójimo y de todos los seres conscientes.
Hoy que también soy madre, tengo la dimensión de tu grandeza y de tus esfuerzos para superar los límites naturales de la existencia, formándose así un gigante de la dedicación y del bien.
La maternidad, sin duda, es suprema dádiva de Dios para la construcción de un mundo realmente feliz.
En el hogar, me recuerdo, está la sociedad en miniatura, como tú decías, en la cual nos entrenamos en la fraternidad y tolerancia, de modo que los enfrentamientos puedan siempre ser coronados de bondad y de compasión evitándose la destrucción y el crimen.
Cuando la sociedad alcanza las más alta expresión de tecnología de punta y de ciencia aplicada al bien y al progreso, infelizmente la maternidad se ve relegada a un plano secundario, en base al egoísmo de la mujer que desea realizarse fuera del hogar, competir en el mercado del trabajo con los hombres, luchar a favor de sus derechos, lo que, además, es justo, pero, en abandono del sagrado compromiso de la procreación.
…Y cuando le sucede tornarse madre, delega a personas remuneradas, que no siempre aman, los deberes que les son impuestos por las leyes de la vida, transformándose en proveedora al revés de ser seguridad y felicidad.
Como resultado, tenemos hoy los hijos huérfanos de padres vivos, adoptados por los traficantes de drogas y por la violencia de todo jaez, constituyendo una juventud atormentada e infeliz que se lanza a las pasiones consumidoras, en espectáculos deprimentes o salvajes, demostrando el dolor que experimentan por la falta de cariño que solamente el hogar y la maternidad pueden ofrecer.
La onda de locura y de irresponsabilidad aumenta el desequilibrio de la sociedad que aborta y pretende legalizar el crimen, en nombre de los mentirosos derechos que la mujer posee sobre su cuerpo, sin darse cuenta que el nuevo cuerpo que en ella se encuentra no es de su propiedad y necesita vivir…
Mientras la maternidad este ultrajada o relegada al olvido la sociedad se encontrará sin orientación ni esperanza de felicidad, porque el hogar es el divino instituto de educación sobre la segura directriz del amor de madre, insustituible en toda su dimensión.
De este modo, madrecita querida, te homenajeo todos los días, cantando himnos de amor en tu memoria y buscando, aún pálidamente, actuar como tu en la educación de mis hijos, los frutos de la carne con que los Cielos dignifican la Tierra, en el momento de la gran transición que se opera…
Dios te guarde en esa cúpula de estrellas diamantinas, donde tú intercederás por las madres de la actualidad, a fin de que adquieran conciencia de sus deberes impostergables.
Anália Franco
Página psicografiada por el médium Divaldo Pereira Franco, la tarde del 1º de abril de 2009, en la Mansão do Caminho, en Salvador, Bahia, Brasil.
El 10.04.2009.
fuente: www.divaldofranco.com
traducción del portugués: A. Náxara
El alma que silencio al mundo por 6 minutos
Para comprender la Fuerza Divina y lo que ella envuelve es necesario recurrir al Sol, la Luna y las estrellas para descifrar su naturaleza. Afirmar nuestra mente y nuestro espíritu en el horizonte radiante con el impulso de la fe; recurrir a la meditación: delicado camino hacia la sabiduría y las puertas del espíritu del hombre; percibir la verdad lejos de los pensamientos y de las interpretaciones. Solo así se asomará la realidad una vez que la calma entre en nuestro corazón corriendo el velo de la ilusión.
Solo mediante el ejercicio perceptivo e intuitivo podemos imaginar tan tamaña realidad en cada partícula de nuestras sustancias y en todo lo que percibimos en el universo vivo. Este texto no promete dar una explicación cabal, ya que ello sería mera especulación, sino más bien llamar a la reflexión y abrir el entendimiento a una realidad latente y cotidiana que sucede a cada instante, en cada lugar y plano del universo.
Veamos…
Aunque no nos demos cuenta de ello la Fuerza Divina esta aquí presente, viva dentro de nosotros, en todo aquello que podamos percibir de nuestro entorno, aún en aquello que debido a nuestra limitada condición humana nos es imposible siquiera apreciar. La Fuerza Divina parte de nuestra cotidianeidad porque SOMOS por causa de ELLA. Es combustible de los impulsos del universo. Su emanación fluye del creador, de la mente cáusica universal que es la forjadora de la creación, aquella potencia viva e inteligente que inspira y sostiene la realidad en cada pulsación.
La ciencia que Cristo nos dejo en su paso por la Tierra, nos revela el poder de la Fuerza Divina. La misma realidad donde se movían lo antiguos chamanes y los hombres de conocimiento, magos e iniciados de las eras, aunque esta vez, a través de la revelación del cristianismo, elevada a una modernidad superior de acuerdo al avance inmortal de los tiempos.
El gran Buda, Moisés, y los profetas del antiguo mundo la percibían y aprendieron a actuar y a moverse dentro de ella. Podían a través de este entendimiento del universo, del fuego, de la tierra, del agua, la mar y los espíritus, realizar proezas, curar y hacer predicciones que sorprendían al común de los hombres. Algo mágico había en estos hombres, sacerdotes, profetas, brujos, astrólogos y curanderos. Certeza en lo invisible. En la cotidianeidad de nuestro lenguaje y en las interpretaciones populares, aquello que no es comprendido es llamado de magia o brujería y se apela a la superstición. Hoy los tiempos modernos, exigentes en materia de estudios, nos invitan a usar la palabra ciencia para descifrar y comprender esta realidad. Porque la magia no existe. Detrás de cada fenómeno hay un efecto, y este a su vez es antecedido por una causa.
La oscuridad y su hermana la ignorancia, se evaporan mediante la claridad. La ciencia es un vehículo para acceder al conocimiento, un método que se fundamenta en la observación de hechos y en la comprobación de los mismos; por lo tanto, a través de este sistema de investigación y comprobación de hechos podemos acercarnos a la verdad con fundamento. Aunque bien es cierto que todo ejercicio de investigación y comprobación no es de orden solamente intelectivo, sino también de carácter intuitivo, es verdad, y no podríamos negar, que la certeza que se puede abrigar en el corazón forma parte de un hecho comprobable por sus resultados. Un simple pensamiento o una firme actitud pueden cambiar muchas cosas, desde nuestro cuerpo, nuestra mente, espíritu y materia hasta el mundo entero. He aquí la fuerza de la fe.
Para entender este ambiente es menester comprender que el centro del hombre es el espíritu, no la carne ni la materialidad terráquea. La carne es subsidiaria del espíritu. Esta sentencia, que reposa en nuestra verdad íntima e intuitiva, descendida desde los éteres superiores, es fundamental para poder comprender nuestro rol aquí en la Tierra. Todo proviene del espíritu. La creación de nuestro mundo, nuestros cuerpos, nuestras plantas y animales, hasta la mismísima materia es enteramente obediente a los campos superiores y a los reinos del espíritu.
La trina realidad de la pedagogía espiritual nos revela a un Padre autor que crea a sus hijos “simples e ignorantes” y les entrega el premio de la libertad y la perfección mediante el trabajo de su propio sacrificio. Dentro de este entendimiento nuestra vida cobra un sentido mucho más poderoso y eterno y los límites se esfuman por completo. Circulamos entre el infinito misterio, en una aventura apasionante, lejos ya de una mera rutina sin aparente sentido. Quien no entiende la ciencia del vivir es presa de su ignorancia y manipulable. El poder de la verdad nos descubre una gran escalera por la que debemos subir en camino a perfeccionar nuestros espíritus, para alcanzar por fin la anhelada libertad.
Entrar en la Fuerza Divina es experimentar otro nivel de conciencia donde muchas de las cosas que nos parecen aparentemente imposibles lo son perfectamente en esta realidad. Es un mundo que opera con otras reglas y donde la mayoría de nuestras limitaciones se reducen a un plano mental y físico.
Cristo era un experto en moverse dentro de la Fuerza Divina, ello le permitía asombrar a los hombres con la magnitud de sus “milagros”. Comprendidos como fenómenos sobrenaturales, deslumbraban a las personas cambiando la historia del planeta para siempre. Por ello se le llamo el Señor de los Espíritus. Su pedagogía cambiaba nuestra percepción de la vida, entregándole la altura de una visión espiritualista de la realidad de la existencia del hombre. Dentro de este moderno sistema de creencias -que no se contraponía con las creencias de los sabios anteriores- el centro de todos los fenómenos de la vida tiene su causa en el mundo espiritual. Por ello el Maestro fue enfático en afirmar que la batalla del hombre se daba en su espíritu, depurándolo lentamente, cual cristal que se libra de las impurezas, iría a resplandecer el brillo perpetuo del alma a través de la revelación de lo que él llamo el espíritu santo y la vida eterna. Jesús era un espírita por naturaleza. Todas sus curas, milagros, pedagogía y oratoria se inspiraban en la jerarquía del mundo espiritual por sobre la materia. Enseño al hombre el camino para trabajar el espíritu y vencer las limitaciones transitorias de la carne. Más lejos aún, desvaneció la oscura cortina de la muerte que llena de turbiedad el resplandor y la dimensión de la existencia.
Jesús caminaba por el mundo de los hombres sin pertenecer a el, viajaba dentro de la Fuerza Divina, aún estando su cuerpo físico en la materia. Ello le permitía dominar la materia desde el plano espiritual, haciendo así sus curas, prodigios; mirando con compasión a los hombres sedientos de Fuerza estelar y de la guía de las estrellas que confirmaba un reino donde todos somos hijos bienamados. Nunca hubo en la Tierra un hombre con un dominio semejante de lo invisible. Él se hizo de las nubes, del viento, de las montañas y de los espíritus para dominar sus potencias y demostrarle al hombre el reinado de la maravillosa tecnología de la transformación mediante el dominio de las fuerzas espirituales.
Enseñaba mediante el amor, porque es el corazón en los hombres el reactor para comprender, penetrar y desplazarse en la Fuerza Divina. De aquí ha de desprenderse la mágica sentencia de la camaradería de la especie: la caridad, palabra que involucra humanidad, clemencia y misericordia hacia todos los semejantes que están en la condición tanto de la carne como del espíritu, del reino animal, vegetal o mineral. Siendo todo parte de Dios, el creador, le imposible abstenerse de la responsabilidad de la compasión a un espíritu esclarecido. Caridad es responsabilidad social, significa comprender la condición de la carne y el espíritu, prestarle ayuda a la evolución de la causa de la humanidad que es la voluntad altísima de nuestro Dios creador. La caridad es acción social: de ella se desprenden los fundamentos más sólidos del humanismo y de la fraternidad. Es el altruismo aplicado en su máxima expresión.
Al ser todos partes del todo y al estar nuestras emanaciones espirituales conectadas en todo momento, ya sea en la vida o en el plano espiritual, la compasión es la acción del progreso moderno. Las redes de cooperación reciproca permiten avanzar más rápido y con más eficiencia. Mientras mi vida este mejor, aquel que me acompaña lo estará también y así sucesivamente. La Fuerza Espiritual nos demuestra con creces que es este un fenómeno contagioso, práctico y de una modernidad que aún no hemos logrado comprender. Compartir, colaborar y socorrer es la piedra de ángulo y el escudo de una sociedad moderna y de una estructura social cooperativa.
Podemos entrever mediante estas palabras, que intentan dar una aproximación a la fenomenología del espíritu y sus aplicaciones sociales, que el mensaje del Maestro Jesús aún no fue entendido. Tampoco aplicado en modelo social alguno, exceptuando algunas iglesias, instituciones y doctrinas del mundo donde se hace todo el esfuerzo humanamente posible por permanecer a la luz de la verdad y del buen camino. Las fenomenologías de orden social y material han confundido muchos de los mensajes, tratando de explicar ciertos prodigios de la ciencia divina partiendo desde la realidad de la materia, o más común aún, confundiendo estos mensajes y esta ciencia celeste con condiciones sociales del individuo como lo son la religiones o las instituciones. La verdadera iglesia, es aquel templo donde habita nuestro espíritu. Escoger una religión o una creencia es un derecho otorgado dentro de la revelación del libre albedrío y esta debe ser respetada cualesquiera que esta sea: entendiendo que a cada cual indistintamente le compete progresar y llegar a su propio entendimiento acerca de la realidad de la creación. Si bien es cierto que la verdad universal es una sola, nuestra condición relativista sienta las bases para nuestro propio desarrollo y nos desprende frutos dadivosos que son una experiencia única para cada individuo. Aquella es la verdadera dimensión de la verdad para el individuo. La libertad a la luz de la doctrina y de las leyes universales que rigen firmes y perpetúas los misterios del universo.
La Fuerza Divina opera bajo estos preceptos y los comparte con todo aquel que desee aprender. Volver a la fe del Cristo para mover las montañas –de nuestro interior- es una argumentación sensata y que apela al buen sentido común. Dentro de esta Fuerza, que exige el abandono a las circunstancias, es posible sentir la libertad del espíritu que comienza a comprender porque está aquí, cual es su misión y lugar en esta existencia. Nuestra voluntad es nuestro propio destino forjado con sudor y sacrificio, con las privaciones mundanas de la carne y las ilusiones transitorias del materialismo. Todo esto con el fin de alcanzar la verdad, el conocimiento, la libertad y con ello la tan ansiada vida eterna.
Azor Náxara
“El hombre está siempre dispuesto a negar aquello que no comprende”
Luigi Pirandello (1821-1881)
Bien es sabido que nuestro planeta es uno de los tantos mundos habitados por criaturas inteligentes que abundan flotando en la inmensidad del cosmos. También, dicen respecto a ello los espíritus, no es el peor de ellos pero si uno de los más atrasados que existen. Terreno de expiación para almas dadas a la rebeldía y al trabajo de caridad para mejorar y adelantar el camino en dirección al reconfortante progreso; al encuentro de la verdad del Creador. La prueba de lo primitivo de nuestro mundo se halla en sus habitantes, en sus conductas y en sus construcciones. Estamos en un terreno atrasado, dominado por el orgullo y el egoísmo, por la guerra, el hambre, la desigualdad, el materialismo y la ausencia de compasión. Vivimos aún sin comprender la sentencia universal que es el sustento de todas las formas de la creación. Dios es Amor.
La Tierra es del Reinado Universal, cuyo monarca absoluto e incuestionable es nuestro Dios todopoderoso. Su representante en la Tierra Jesucristo, el espíritu más evolucionado que ha pisado la Tierra, fue violentamente crucificado por las hordas del anti-amor y por los monarcas del analfabetismo. Sufrimos por aquello que negamos, padecemos de nuestra desobediencia, de nuestra ceguera e ignorancia respecto de las leyes y ciencias del espíritu.
Hoy hay numerosas guerras religiosas pululando por los campos de la Tierra, por las ciudades de los hombres, aún por los mares, se arrastran aquellas conductas adolescentes de experiencia cuyo sustento y política es ponerle el yugo a alguien para hacerle infeliz. Hacer esclavos, ya sea de creencias, de religiones mal entendidas y aplicadas, o de conveniencias políticas y económicas. Es este camino ilusorio que nos conduce a la anti-libertad del individuo. A pesar de ser naturalmente libres por decreto, somos presos de nuestras propias sombras interiores.
Como bien afirma el adelantadísimo Kardec y precursor indudable de la Nueva Era, “Dios creó a todos los espíritus simples e ignorantes” Ello con el fin del regalo máximo del individuo: alcanzar la libertad y la vida eterna por sus propios méritos. Esto porque creó seres inteligentes y no esclavos. Por ello nuestro sufrimiento está en directa proporción con nuestras conductas, ya sea de esta vida o de reencarnaciones anteriores. Bajo este mismo método se siente orgulloso y dichoso, inmensamente bendecido y afortunado, aquel individuo que alcanza sus méritos y éxitos por su propio sacrificio. Debemos de construirnos, aprimorarnos y estar dispuestos constantemente al cambio en beneficio del avance espiritual.
Hoy mucho se habla de las intolerancias religiosas, de los intereses políticos y económicos, del pueblo palestino e israelí, de los musulmanes y cristianos que dificultan un acuerdo que se dirija hacia la paz. La verdad es que todos aquellos que están en guerra padecen de la misma enfermedad. No reconocer la doctrina de Jesucristo que abrió las puertas para la Era del Espíritu. Porque ningún avatara se contradice entre si, porque la luz del entendimiento y del conocimiento sagrado del espíritu es solo una y es universal. Amor. Lo que cambia es el lenguaje, siendo este siempre proporcional al estado evolutivo en que se encuentran los hombres.
Moisés entrego las leyes, para mostrarle al hombre la ira y el poder de Dios. Ira porque aquellos que encarnamos aquí en la Tierra, muchos lo hicimos en calidad de rebeldes a la Ley. Pues bien, no debemos de sorprendernos que en aquel momento de la historia apareciera una voz de trueno y nuestro Dios blandiera la espada contra los insurgentes a las Leyes Universales. Del mismo modo, y en su tiempo, Jesús traía el conocimiento del Amor, la vida eterna, el poder espiritual de la fe y la reencarnación a través de su doctrina.
Solo hay algo que es más verdadero y sobrepasa cualquier religión. Dios. Muchas veces las religiones pasan netamente por un factor sociocultural. Por eso Gandhi decía: “Para mi, las diferentes religiones son lindas flores, provenientes del mismo jardín. O son ramas del mismo árbol majestuoso. Por tanto, son todas verdaderas” En todo terreno donde se pronuncia el nombre de Dios pueden ocurrir cosas asombrosas, por ello, todo aquel que se abstraiga de cualquier escenario mundano e ilusorio, simplemente concentrándose y pronunciando el nombre de Dios en la intimidad de su sustancia, puede contemplar la verdad. Dios no tiene simpatías socioculturales. Él es la cultura y la ilustración.
La guerra se soluciona con educación y entendimiento, con acercamiento, porque: “no hay caminos para la paz; la paz es el camino” Nuevamente sentencia el sabio de Mahatma Gandhi, quien libró a su pueblo sin disparar un tiro.
Nuestro planeta hoy arde en conflictos propios del estado evolutivo en que vive, de la transición hacia una tierra mejor y más moderna. Aún no somos lo suficientemente sabios para tener cambios sin una crisis, ni para leer en las escrituras. Son estas pruebas las que nos dan el empuje para hacernos mejores espíritus, con mayor compasión y entendimiento de la vida y del universo porque nunca hemos estado solos. La razón simple se descubre mirando al universo, solo aquí tenemos guerra, hambre y desigualdad. Aún teniendo un Dios infinitamente misericordioso y compasivo, aún poseyendo el Edén en nuestras manos, nuestros oídos sordos y nuestra mirada ciega nos hacen padecer los sinsabores de la vida terrena. Las masas se empeñan en destruir y perseguir todo aquello que les puede salvar y que es verdadero.
Si usted hace una mirada introspectiva a las naciones de la Tierra, descubrirá que todos aquellos pueblos que más sufren, ya sea por hambre, por guerra o por materialismo, son aquellos que se han revelado a la doctrina de Cristo. Esto no es curioso si se investigan las escrituras, ya que todo esto está escrito. Cada día que pasa, las palabras del maestro están más vivas que ayer. Porque Él encarnaba el Verbo y el Verbo Universal es atemporal.
Como es nuestra misión traer paz y conforto, aún en los escenarios más difíciles y huraños, debemos de decir que este es un tiempo para el festejo y la alegría. Porque todo aquello que está escrito está cumplido y lo estará por siempre en nuestra historia y en nuestros corazones. Nuestra misión no ha hecho más que comenzar y los sucesos del mundo de hoy nos alientan en la lucha contra la incredulidad, contra la maldad y contra la ignorancia, para plantar en esta Tierra el bastión de la educación y la ilustración que es la máxima de todo mundo moderno. Un Nuevo Hombre, un Nuevo Mundo, y una Nueva Era a la luz de los designios que el universo orquesta para nuestro floreciente destino.
Salve la presencia de nuestro bienamado Jesucristo, Rey de reyes y Señor del Universo.
Azor Náxara
El arte de la resurrección
”De este Espíritu, vida del Universo, procede, a mi entender, la Vida y el Alma de todo cuanto tiene alma y vida. Además creo en la inmortalidad del Alma, lo mismo que en la del cuerpo, pues en lo que a su substancia se refiere, también el cuerpo es inmortal, ya que no hay otra muerte que la disgregación, según parece inferirse de la sentencia Eclesiastés, que dice: “Nada hay nuevo bajo el sol. Lo que es, será”
Giordano Bruno 1549-1600
Hubo un día, no muy lejano, en que el hombre se cuestionó la oscuridad del momento en que vivía. Era preciso renacer para redescubrir los misterios que deparaba la existencia en aquel lejano planeta de la galaxia. Así fue que un día los hombres levantaron sus voces, sus pinceles y cinceles; llamaron al verbo para que les orientara y al arte para que los guiase en tal noble emprendimiento que quedaría marcado en la historia de la humanidad y se llegaría a conocer como el Renacimiento.
En plena Edad Media, donde el oscurantismo y la falta de espiritualidad profunda que antaño acompaño al hombre, se hizo escuchar con fuerza aquella nueva vitalidad contagiosa que llegó a todos los rincones de la vieja Europa. Era preciso levantar nuevas catedrales como nunca antes se hubiese soñado, alabar al Dios creador de las estrellas, buscar el sentido perpetuo del alma humana. Aquí en la Tierra.
El arte desde las alturas, para inspirar a los hombres que guardan esos siglos, bajo caudaloso por los torrentes del espíritu. Grandes personalidades escucharon el llamado sublime y le atendieron con firmeza en las labores terrenales de los hombres.
Al igual que hoy, aquellas voces del divino se hicieron escuchar para forjar un mañana mejor. Renacentistas somos aquellos que impulsamos la Tierra hacia un nuevo horizonte de esplendor, donde brillen las divinas cualidades manifestadas en las obras imperecederas de los hombres. Imperecederas porque nadie podría olvidar a un Miguel Ángel, ni aún menos a un Rafael, nadie podía no conmoverse con la obra de Leonardo, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Petrarca o pasar indiferente ante los textos universales de Giordano Bruno el “hereje pertinaz”.
Ayer el hombre vivía entre fortalezas de caliza para proteger sus feudos, hoy vive encerrado entre cercos eléctricos, rejas, circuitos cerrados de TV y escudos de misiles nucleares. El sentido materialista nos ha hecho olvidar el esplendor del arte, el alma sutil de una mujer, la voluntad de un hombre que lucha por aquello que cree, y más aún, nos ha hecho perder la conexión natural con el Sol, la luna y las estrellas en nuestra cotidianeidad terráquea. Por poco olvidamos que somos hombres, por poco olvidamos el amor y el sano juicio que orquesta toda acción portentosa.
La cima de nuestro mundo es hoy un holograma de fantásticas historietas sin sustento. Algunos se han conformado con muy poco. Esa pobreza es hoy nuestra aparente desgracia. Vivimos una Edad Media, transitoria, porque aún es preciso renacer una vez más. Volver a la historia, repasar sus hechos, llamar a sus espíritus para que nos cuenten las historias que orquestaron y guardan las épocas. Re-nacimiento.
El arte renacentista es imperecedero, una fiel huella de la grandiosidad de la especie humana, reflejo de un hombre que pone ante todas las cosas de su vida a Dios. En aquellos tiempos el arte fue concedido por el hombre como la búsqueda del contacto con la divinidad. El arte es un camino hacia la divinidad. Expresa la grandiosidad del espíritu, del alma y de la naturaleza; un rostro congelado en una piedra que muestra sus más delicadas facciones, espejos de piedra, pinturas, de la gloria del creador. Un hombre lejos de su espíritu no puede hacer arte, menos llamarse de artista. Hoy se asocia al arte con la necesidad de expresión, pero es un término inocuo, vacío carente de atracción sublime y de escuela profunda. Una cosa es ser un artista para los hombres, pero hay artistas también para Dios.
Entre aquellos héroes están nuestros camaradas que dieron valiente impulso al renacimiento, a una nueva era en contacto con las divinas luces que orquestan e inspiran los destinos de los hombres. Rigiendo la galaxia en hábiles destellos plateados que inundan el horizonte de gérmenes de vida, estrellas luminosas, cascadas estelares, farolas eternas de la bóveda celeste. Aquel que es artista ha de olvidarse primero de si mismo, pues mientras esté no habrá arte, sino ego, orgullo y vanidad estampada en una obra.
Él creador, grabo sus lienzos estelares, cascadas, ríos y mares; los más sofisticados diseños de pájaros e insectos sin un pizca de orgullo. Sin embargo la armonía es tal que nadie podrá decir que no es obra suya. Está en todo lugar.
Renacimiento: renacer, reverdecer, renovarse, vigorizar, florecer, transformación, evolución: Resurrección. Palabras que invocan la misma acción y que llaman a vencer las fronteras de lo aparente para aventurarse en busca de la condición suprema del hombre por correspondencia natural de acuerdo a su anatomía estelar y áurea.
Nuestra era, carente de ilustración profunda en los asuntos del espíritu, es el reflejo de la creación de nuestras artes y de nuestras emisiones cerebrales que son las constructoras de nuestra realidad, aún hambrienta de contenido profundo que sea sustancia para plasmar una creación orgullosa e imperecedera. Es esta era momento de cambio y transición, de renacer para hacerse del entendimiento que nos aportan los astros respecto al tamaño de nuestra aventura y misión. Progresar. Encontrar al creador a través de nuestras obras, a través de nuestro arte. Vivir. En armonía.
Nuestra vida, pequeña y frágil por naturaleza, nos hace observar desde la vestimenta de nuestra carne, con los ojos avezados del espíritu, el momento histórico del que somos testigos y que estamos llamados a heredar como raza pura. Raza de Dios. Todos los hombres, amigos, hermanos del desafió de resurgir y mejorar. Todas las religiones y todos los colores. Solo así, algún día, la historia hablará orgullosa de aquellos que se atrevieron a ver un poco más allá para vislumbrar y crear un futuro mejor a la luz de los valores estelares y de los designios superiores que conciertan el avance hacia el infinito de los vientos que soplan en los mares de nuestro destino.
Azor Náxara
